¿Por qué soy ateo?
Pues no sucedió de la noche a la mañana; ni por capricho; ni por moda. Sucedió gradualmente. Todo empezó cuando tenía unos once años y leí un libro llamado Dioses, demonios y ovnis, por Erick Norman. El libro me pareció fascinante, y me llenó la cabeza de mil preguntas y conjeturas fantásticas acerca de nuestro origen, de nuestras creencias, y, sobre todo, del increíble e insondable misterio ovni. Aquellos relatos bíblicos sobre seres extraordinarios, de gran fuerza y belleza, y de carrozas de fuego cruzando los cielos, serían, según el autor, la prueba de que fuimos visitados en tiempos remotos por civilizaciones avanzadas provenientes del espacio, del enorme vacío interestelar. Al no ser capaces de interpretar o entender su tecnología, y maravillados por sus prodigios, los catalogamos como dioses, capaces de realizar prodigios o, en otras palabras, milagros. Estos dioses, y sus notables intervenciones en la humanidad para bien o para mal, no son exclusividad de la Biblia, ya que, en otros textos considerados sagrados, o a veces apócrifos, también se los menciona.
Como ejemplo de esto tenemos el
Ramayana, de la mitología hindú, o la Epopeya de Gilgamesh, de la mitología
sumeria, donde se narran grandes y colosales batallas entre los dioses. O el
libro de Enoc, considerado como apócrifo y que no fue tomado en cuenta cuando
se reunieron los textos que conforman la Biblia, y donde Enoc nos narra una
increíble historia en la cual recibe la visita de unos extrañísimos seres que lo
invitan a subir a su nave, para llevarlo a recorrer diferentes “cielos” en los
que habitaban las más extraordinarias criaturas y seres. Luego, los visitantes
le advierten que ya deben llevarlo de vuelta, pues el tiempo como él lo conoce
ha transcurrido de manera diferente durante el transcurso de su viaje, y a
pesar de que este ha durado solo unas pocas horas, en la tierra ya han pasado
muchos años. Así, al volver, Enoc se encuentra con que todo ha cambiado durante
su ausencia, y que, efectivamente, sus amigos han envejecido mucho. ¿No es, por
decir lo menos, interesante que, ya en aquellos tiempos tan remotos se hablara
sobre este “desfase temporal” que implicaría realizar un viaje de esta
naturaleza? Tal como lo vimos en la excelente película Interestelar, es un
fenómeno de la física perfectamente posible.
Por otro lado, tenemos a los Incas,
quienes hablaban de Viracocha, que salió del lago Titicaca y les enseño a
desarrollarse como civilización, desapareciendo después en el océano.
Una antigua tribu africana, los
Dogon, hablan de Oanes, un ser con forma de pez que habría venido de una lejana
estrella.
En fin, en numerosas civilizaciones
se mencionan visitantes de otros mundos, cuya intervención fue crucial para el
destino de la humanidad, y que al día de hoy conforman maravillosos mitos y leyendas
que aún perduran en el imaginario colectivo, en algunos casos como mitos, y en
otros como vestigios de un testimonio perdido y casi olvidado pero que, de una
u otra manera, aún perdura.
Fascinante, ¿verdad? Imagina lo que
fue para mí, a tan corta edad, especular sobre estos temas tan extraordinarios.
Simplemente no podía ya conformarme con una sola versión de nuestro origen, al
menos no con una tan arcaica y obtusa como la que nos ofrece la Biblia y las
religiones abrahámicas.
En tu caso, como en el de la mayoría,
seguro fue diferente. Fuiste adoctrinado, y decidiste permanecer así. No es tu
culpa haber sido adoctrinado. Pero sí es tu responsabilidad liberarte.
Sacudirte. Razonar y tomar tus propias decisiones. Cortar de una vez por todas
ese patrón de comportamiento robótico, en el que hacemos o creemos en algo
porque eso nos enseñaron, o porque todos lo hacen. El día llegará en que este
adoctrinamiento temprano se considere como abuso infantil, y sea censurado y
prohibido. Pero hasta que la humanidad despabile, depende de nosotros ganar
nuestra propia voz y tomar nuestras propias decisiones, aunque esto signifique
que nos miren mal, o nos cataloguen como locos.
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