¿Por qué soy ateo?
Pues no sucedió de la noche a la mañana; ni por capricho; ni por moda. Sucedió gradualmente. Todo empezó cuando tenía unos once años y leí un libro llamado Dioses, demonios y ovnis, por Erick Norman. El libro me pareció fascinante, y me llenó la cabeza de mil preguntas y conjeturas fantásticas acerca de nuestro origen, de nuestras creencias, y, sobre todo, del increíble e insondable misterio ovni. Aquellos relatos bíblicos sobre seres extraordinarios, de gran fuerza y belleza, y de carrozas de fuego cruzando los cielos, serían, según el autor, la prueba de que fuimos visitados en tiempos remotos por civilizaciones avanzadas provenientes del espacio, del enorme vacío interestelar. Al no ser capaces de interpretar o entender su tecnología, y maravillados por sus prodigios, los catalogamos como dioses, capaces de realizar prodigios o, en otras palabras, milagros. Estos dioses, y sus notables intervenciones en la humanidad para bien o para mal, no son exclusividad de la Biblia, ya qu...